viernes, 13 marzo, 2026
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El barril de petróleo supera los U$S 100, caen las bolsas del mundo y sube la presión inflacionaria

La guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán sigue poniendo en jaque a los mercados internacionales: el precio del petróleo alcanzó en las últimas horas su valor más alto de los últimos tres años, encendiendo las alarmas entre los grandes jugadores financieros y económicos e impactando de lleno en el bolsillo de miles de millones de personas a nivel global.

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Las bolsas de Corea del Sur y Japón arrancaron la jornada de este lunes con fuertes caídas, después de que el barril de petróleo estadounidense de referencia superara la barrera de los U$S 100, alcanzando su valor más alto en más de tres años y medio. Un efecto inmediato de la escalada en la cotización es el temor a que se corte el suministro energético desde Medio Oriente al elevarse los riesgos para el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz, una zona clave para el comercio mundial de petróleo. Eso provoca una reacción en cadena en las finanzas internacionales.

En la noche del domingo el petróleo superaba los U$S 117, un precio que no se veía desde 2012. A su vez, como suele pasar, la incertidumbre geopolítica provoca que otras commodities evidencien aumentos. En las últimas horas el aceite de soja subió un 4 %, el trigo 0,69 %, el maíz 1,52 % y el aluminio, ante una posible escasez de oferta, subió a máximos no vistos desde 2022. El dólar, paralelamente, sube como “activo refugio”.

El precio del petróleo trepó más de un 25 %, llegando a superar este lunes los U$S 120 por barril. Así, las bolsas asiáticas sintieron el golpe: la de Seúl se desplomó más de un 8 %; la de Tokio cayó más del 7 % y la Taipéi más del 5%. Lo mismo pasó en los mercados de Hong Kong, Shanghái, Sídney, Singapur, Manila y Wellington, donde también se vieron caídas importantes.

En las primeras horas de la jornada, los futuros del crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) llegaron a dispararse más de un 30 %, tocando los U$S 119,48 por barril, el valor más alto desde julio de 2022. Después, el precio se acomodó un poco y quedó en torno a los U$S 102. El viernes ya había subido un 12 % y, en la última semana, el aumento ronda el 36 %.

El Brent, que es la referencia internacional, tampoco se quedó atrás: saltó un 27,54 % y llegó a los U$S 119,50 por barril en las primeras horas del lunes, aunque después bajó y se negociaba cerca de los U$S 105. La semana pasada ya había subido casi un 28 %.

Cada vez que el barril sube, se disparan los costos de transporte, producción y energía, afectando desde el precio de los alimentos hasta el boleto del colectivo. En un país como Argentina, donde la inflación ya es un drama cotidiano, este tipo de sacudones internacionales no hacen más que agravar la situación de los trabajadores y los sectores populares.

La reacción en los mercados refleja que detrás de cada suba del petróleo hay una cadena de consecuencias: devaluaciones, ajustes y más presión sobre los salarios. Mientras tanto, los grandes especuladores aprovechan la volatilidad para hacer negocios, mientras el pueblo trabajador paga los platos rotos de una economía global atada a los intereses de las potencias imperialistas y las multinacionales energéticas.

En Argentina el aumento internacional del petróleo puede favorecer las ganancias por exportación de las empresas y corporaciones del sector como YPF , Pan American Energy (Bulgheroni), Vista Energy (Galuccio), Shell , Chevron , Tecpetrol (Rocca) y Pluspetrol (Rodríguez Rey-Poli). Lo mismo para los agroexportadores, beneficiados con los aumentos de otras commodities.

Pero la contracara es una nueva presión al aumento generalizado de los precios de los bienes y servicios de consumo masivo. Como lo demuestra la historia nacional, cuando suben el petróleo (naftas, gasoil) y el gas también aumentan los precios de los alimentos, los bienes industriales y los costos de producción en general.

Así, como lo detalla Guadalupe Bravo en otro artículo, Argentina afronta la posibilidad de que se profundice “una situación económica que ya es delicada. Con inflación que se acelera, salarios rezagados y una industria golpeada por cierres y despidos, un shock en los costos energéticos podría trasladarse rápidamente a los precios y a deteriorar aún más el poder adquisitivo. Resta ver cuáles serán las medidas adoptadas por el Gobierno que viene aplicando un gran ajuste fiscal, descargando sobre los consumidores las subas de servicios, siendo el extractivismo y la timba financiera ejes de su hoja de ruta”.

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