sábado, 28 marzo, 2026
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Sin industria ni comercio: la economía de Milei se basa en el extractivismo

Este jueves el Indec publicó los nuevos datos del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y, para sorpresa de nadie que viva de su trabajo, la realidad volvió a quedar al desnudo: lejos de la supuesta «recuperación» que promociona el Gobierno, la industria y el comercio siguen en retroceso, mientras el empleo registrado se vuelve cada vez más un privilegio y no un derecho.

Detrás de cada número hay miles de trabajadores que pierden su puesto, sobreviven con changas o caen en la informalidad. El ajuste impulsado por Javier Milei y ejecutado en acuerdo con el FMI y Estados Unidos no trae crecimiento para las mayorías: profundiza la desigualdad y la precarización.

Según el EMAE de enero de 2026, la actividad económica creció un 1,9% interanual y apenas un 0,4% respecto de diciembre, ya descontados los efectos estacionales. A primera vista, algún funcionario se apresura a festejar: el ministro de Economía, Luis Caputo, lo calificó como un «récord histórico». Pero la realidad detrás de la cifra es mucho menos alentadora.

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El crecimiento se explica casi exclusivamente por unos pocos sectores: pesca (+50,8%) y agricultura, ganadería, caza y silvicultura (+25,1%). Junto con la minería, que creció 9,6%, estos rubros explican 1,7 puntos porcentuales del total interanual. Es decir, sin el impulso de los sectores primarios y extractivistas, la economía estaría prácticamente estancada.

En cambio, los sectores que generan empleo masivo y sostienen la actividad cotidiana del país continúan en caída. El comercio mayorista y minorista retrocedió 3,2%, la industria manufacturera 2,6%, el sector de electricidad, gas y agua 3%, y la administración pública 1,6%. En conjunto, restaron casi un punto porcentual al crecimiento anual. La construcción, otro gran empleador, apenas avanzó un 0,5% y viene de caer de forma sistemática.

En el último año, la industria cayó 3,9%, el comercio 1,3% y la construcción sigue prácticamente paralizada, según los propios datos oficiales.

Reprimarización, especulación y destrucción de empleo

Este modelo económico no es un accidente ni un error, responde a una orientación deliberada. El esquema impulsado por el Gobierno favorece a los grandes exportadores del agro, la minería y el sistema financiero, mientras debilita a la industria local y al mercado interno.

El dólar barato y la apertura de importaciones golpean a las empresas locales que buscan descargar los costos sobre los trabajadores. El 96% del crecimiento interanual proviene de actividades que emplean apenas al 9,2% del trabajo formal.

Mientras tanto, los sectores que concentran el 44,7% del empleo registrado —industria, comercio y construcción— atraviesan una crisis sostenida, con cierres de fábricas y locales comerciales a un ritmo preocupante. La intermediación financiera crece, pero no genera empleo productivo: es rentabilidad para pocos y precariedad para las mayorías.

A la vez, el Estado resigna ingresos por retenciones y regalías, mientras la riqueza generada a partir de los bienes comunes naturales se concentra en un puñado de empresas.

Desempleo en alza y precarización creciente

El dato más contundente es el aumento de la desocupación. En el último trimestre de 2025 alcanzó el 7,5%, el nivel más alto desde la pandemia. Hay 1,7 millones de personas sin trabajo, unas 230.000 más que un año atrás.

La situación es aún más crítica para las mujeres y los jóvenes. Entre las jóvenes de 14 a 29 años, la tasa de desempleo trepa al 16,8%. Los nuevos desocupados provienen, en gran medida, de los mismos sectores golpeados por el ajuste: comercio, industria y construcción.

En los partidos del Gran Buenos Aires, por ejemplo, la desocupación pasó del 8% al 9,5%, lo que significa casi 100.000 personas más buscando trabajo sin conseguirlo.

Pero incluso quienes conservan su empleo enfrentan condiciones cada vez más precarias. El empleo formal cayó del 45,7% al 45%, mientras la informalidad subió del 42% al 43%. Más de un tercio de los asalariados trabaja sin aportes jubilatorios ni derechos laborales básicos.

Encontrar trabajo también lleva más tiempo: el 31% de las personas desocupadas lleva más de un año buscando empleo. Para muchos, la única salida es el pluriempleo, las changas o el monotributo.

Un modelo para pocos: extractivismo y exclusión

No es casual que la supuesta recuperación económica dependa casi exclusivamente del agro y la minería. La orientación del Gobierno es clara: abrir la economía, reducir costos laborales, facilitar la explotación de los bienes comunes naturales y garantizar negocios a las grandes empresas.

El ajuste busca mostrar indicadores ordenados ante el FMI y los mercados financieros, aun cuando eso implique deteriorar las condiciones de vida de millones de personas.

La salida: organización y lucha

Frente a este escenario, la salida no pasa por esperar una recuperación que nunca llega ni por confiar en acuerdos parciales. La única alternativa real es la organización desde abajo, la unidad entre trabajadores ocupados y desocupados y la construcción de un plan de lucha nacional que incluya un paro general.

Es necesario exigir un aumento de emergencia de salarios y jubilaciones, la reducción de la jornada laboral sin rebaja salarial y la ruptura con el FMI. También es fundamental recuperar los sindicatos como herramientas de defensa de los trabajadores y no como administradores del ajuste.

Si este rumbo no se enfrenta, el país corre el riesgo de tener más elementos de un enclave exportador de materias primas, con salarios bajos y empleo precario. La pelea por un gobierno de los trabajadores que ponga la economía al servicio de las mayorías sigue siendo una tarea urgente.

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